Era otoño.
Afuera hacía frío, todo estaba en silencio cuando Lola abrió los ojos a las 5:30 de la mañana. Desde hacía días sentía la necesidad de un cambio profundo, de un gesto íntimo que la devolviera el sentirse plena y realizada. Por eso había decidido que crear el hábito de meditar sería su nueva prioridad. No tenía mucho margen antes de ir a trabajar a la ONG en la que llevaba unos meses, pero sabía que el único momento realmente suyo sería al amanecer.

Parecía muy loco levantarse a esas horas, pero en el retiro de 10 días que había realizado unos meses antes le habían explicado que la primera hora de la mañana es un portal ideal para meditar: el cerebro está más limpio de estímulos, el sistema nervioso aún no ha activado la hiperalerta del día, y el entorno está tranquilo, en paz.

Y aunque le preocupaba dormir menos, también había aprendido algo esencial:
cuando la práctica meditativa se vuelve estable, el cerebro entra con mayor facilidad en estados de descanso profundo, incluso con menos horas de sueño. Esto está documentado en investigaciones de Richard Davidson y en estudios revisados por Nazareth Castellanos: la meditación regular mejora la eficiencia del sueño, regula la actividad del sistema parasimpático y reduce la fragmentación nocturna. Es decir: descansas mejor, no solo más.

Convencida, Lola se hizo una promesa silenciosa:
“Voy a hacerlo. Durante 21 días, crearé el hábito de meditar para convertir mi práctica de meditación en un hábito.”

Sin darse cuenta, esa frase, aparentemente simple, ya había empezado a modificar su cerebro.
Y es que según la neurociencia de los hábitos (James Clear y el laboratorio de BJ Fogg), cuando una persona genera una decisión emocional clara, su sistema dopaminérgico empieza a anticipar el beneficio. Eso facilita la constancia: el cerebro aprende a esperar bienestar incluso antes de que ocurra.

El despertar de su ritual

Con esta actitud clara y definida, Lola Nakula comenzó a construir su nuevo hábito saludable: la práctica de meditación.

Lo primero que hizo según se levantaba, fue beber un vaso de agua templada.
Es importante señalar, que este gesto tan sencillo tiene efectos directos sobre la fisiología matutina:

  • activa el nervio vago,
  • estimula el metabolismo suave,
  • mejora el flujo sanguíneo cerebral,
  • y reduce la respuesta de cortisol del despertar.

Después, Lola realizó un breve despertar somático: sentir sus pies, mover su columna, abrir suavemente las costillas. La investigación en interocepción muestra que, cuando conectamos con el cuerpo antes de meditar, la mente se estabiliza más rápido.

Luego se dirigió a su espacio sagrado —una esquina del salón donde una vela y una manta sostenían su presencia— y se sentó.
Ese rincón era más que un lugar: era una señal para su cerebro.
Un anclaje de constancia, de calma, de seguridad.


Lo que la meditación revela

Aquel día, apenas cerró los ojos, apareció un recuerdo que llevaba años dormido.

Lola recordó a su amiga de la adolescencia, su amiga del alma. Se querían con pureza, habían compartido secretos, habitación, risas. Hasta que un día, con 18 años, su amiga la golpeó con fuerza por coger una camiseta que otras veces le había prestado.

La escena volvió con nitidez:
sentimiento de humillación, la sensación de “no valer”, el desconcierto.
Aquella amiga siempre había tenido poder sobre ella: la ridiculizaba, se reía de ella, le recordaba que ella era mejor, la hacía más pequeña. Lola lo normalizó, la quería de veras, siempre la había amado. Normalizó y aceptó los desprecios, los insultos, los golpes…
La meditación la trajo de vuelta.

Este proceso vivido por Lola es habitual cuando se practica la meditación. La neurociencia lo explica bien: cuando la mente entra en silencio, los recuerdos emocionales se reorganizan. Andrew Huberman describe este momento como una ventana de reetiquetado emocional: puedes mirar tu pasado desde otro lugar, sin hundirte en él.

Lola respiró hondo.
Reconoció el dolor, lo sintió en su pecho, y lo miró con una ternura que nunca se había permitido. Ahí, en su pequeño salón, una parte de ella se liberó.

Llevó su atención a los pies, estiró el abdomen. Sintió el entorno que le rodeaba. Aquello había sido hacía 30 años, era un sentimiento guardado. Las próximas sesiones lo gestionaría con los recursos que ya conocía,

Después colocó su mano sobre el corazón y susurró una frase que le había venido durante la medtación:
“Que todos los seres seamos felices, muy felices.”

Lola mostró compasión primero por ella, por su niña adolescente, después por su miga y finalmente por todos los seres vivos. La compasión —explica Tara Brach— no solo suaviza el dolor, sino que regula el sistema parasimpático y aumenta la coherencia cardíaca.

Cuando abrió los ojos, seguía siendo otoño, seguía haciendo frío.
Pero algo en su interior se había calentado, se había transformado.


Un gesto final para empezar el día

Lola se levantó y antes de prepararse para ir a la ONG, Lola hizo una de las cosas que más alimentaban su espíritu: leer. Abrió Los Yoga Sūtras de Patañjali y dejó que el silencio se llenara con los tres primeros versos:

1. Atha Yoga AnushasanamAquí comienza la práctica del yoga.
2. Yoga Chitta Vritti NirodhaYoga es calmar las fluctuaciones de la mente.
3. Tada Drashtuh Svarupe AvasthanamEntonces, el ser descansa en su verdadera naturaleza.

Mientras acariciaba el papel, sintió que eso era exactamente lo que estaba empezando a vivir:
un comienzo, una transformación interior, una oportunidad para cultivar su espacio de calma interior,

Por supuesto se comprometería con este nuevo hábito, todos los días hasta el fin de su vida.

Cómo empezar tú también tu ritual de meditación

Si quieres iniciar tu propio ritual al estilo de Lola, aquí tienes un comienzo posible:

  1. Elige una hora (no importa si no es perfecta).
  2. Crea un rincón sagrado con un objeto que te dé calma.
  3. Bebe agua templada al despertar.
  4. Haz un minuto de consciencia corporal.
  5. Siéntate. Respira. Permite.
  6. Cierra la sesión con afirmación universal de compasión,

La práctica no tiene que ser larga.
Solo tiene que ser profunda y constante.

Únete al reto de meditación “21 días para crear el hábito de meditar con Lola Nakula”

Si quieres seguir el camino de Lola y empezar tu propio ritual:

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Blog: Lola Nakula y la búsqueda del bienestar

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