Cuando cumplí 42 años comencé a notar que algo en mi cuerpo se estaba desajustando.
Mis hombros se adelantaban cada vez más, sentía el cuello tenso, la espalda cansada y una molestia lumbar que me acompañaba incluso al dormir. No era solo cansancio: era una sensación profunda de desequilibrio interno.
Con el tiempo, comprendí que aquel malestar no era casual. Investigando descubrí que tenía hiperlordosis y escoliosis, pero lo que más me sorprendió fue entender que, detrás de todo eso, había una pérdida progresiva de fuerza en mi musculatura abdominal y de la espalda.
Y, como si el cuerpo y la mente hablaran el mismo idioma, también comencé a desregularme emocionalmente: me sentía más irritable, más sensible, más frágil.
Fue entonces cuando decidí dar el primer paso hacia dentro: empecé a meditar. Y curiosamente, a medida que aprendía a respirar con consciencia, mis músculos comenzaron a responder.
Más tarde llegó el yoga, y de la unión entre ambos nació lo que hoy llamo Método Neuroespalda®, un enfoque que combina fuerza, corrección y flexibilidad, pero también autoconocimiento y calma interior.
El transverso abdominal: nuestro centro físico y emocional
A partir de esa experiencia comprendí algo esencial: para recuperar la armonía corporal no basta con estirar o fortalecer, hay que volver al centro.
Y ese centro se llama transverso abdominal —un músculo profundo que actúa como una faja natural y que, a menudo, pasa desapercibido.
Si quieres mejorar tu postura corporal y aliviar las molestias que acompañan al sedentarismo o a la tensión acumulada, el primer lugar donde mirar es el transverso abdominal.
Este músculo envuelve la zona media como una faja interna, protegiendo la columna vertebral y proporcionando estabilidad desde dentro hacia fuera.
Cuando el transverso abdominal está fuerte, armoniza el eje postural y permite que el movimiento sea ligero y equilibrado; sin embargo, cuando se debilita, la pelvis se descompensa, la espalda se sobrecarga y el cuerpo entero entra en un estado de alerta constante.
Lo que dice la neurociencia sobre el transverso abdominal
La neurociencia confirma lo que el cuerpo ya intuye: el abdomen y el cerebro mantienen un diálogo constante.
Como explica Nazareth Castellanos en la zona abdominal existe una extensa red de terminaciones nerviosas que envían señales de seguridad o de amenaza al sistema nervioso central.
Por eso, cuando el vientre se contrae por estrés o se adormece por falta de uso, el cerebro interpreta inestabilidad, y la mente —como un eco fiel de esa sensación corporal— se vuelve más inquieta, más reactiva y menos presente.
Fortalecer el transverso abdominal es, por tanto, una forma de regular el sistema nervioso, de recuperar el equilibrio emocional y de volver a habitar el cuerpo con consciencia.
Fortalecer el core desde la respiración consciente
Trabajar el core no significa hacer mil abdominales, sino reaprender a sostenernos desde dentro, cultivando una conexión consciente entre respiración, postura y presencia.
A través de una respiración profunda y pausada, el diafragma, el suelo pélvico y el transverso abdominal se activan de forma coordinada, creando una red de sostén natural que da estructura y calma al cuerpo.
Con el tiempo, esta activación interna no solo transforma la postura, sino también el ánimo: el cuerpo se alinea y la mente encuentra quietud.
En mis propias prácticas descubrí que, al activar suavemente el bajo vientre —sin tensión, solo desde la exhalación consciente—, mi espalda se alargaba, los hombros descendían y mi mente se aquietaba.
Ese fue el inicio de una transformación profunda: mi cuerpo recuperaba fuerza… y mi vida, equilibrio.
Ejercicio sencillo para activar el transverso abdominal con presencia
A partir de ahí, la práctica se vuelve una exploración sencilla y consciente del propio centro.
Para comenzar, puedes realizar este pequeño ejercicio, una puerta de entrada hacia la fuerza interior y la calma postural.
- Toma una respiración profunda, sintiendo cómo las costillas se abren hacia los lados y hacia atrás, creando espacio interno.
- Al exhalar lentamente, imagina que cierras una cremallera desde el pubis hasta el ombligo. No se trata de “meter tripa”, sino de permitir que el abdomen bajo se recoja suavemente hacia dentro y ligeramente hacia arriba, como un gesto de recogimiento y sostén.
- Mantén esa sensación unos segundos, respirando de forma tranquila y natural, sin tensión en cuello ni hombros.
Repite este ejercicio unas cinco veces, cada mañana o antes de dormir.
Con la práctica, notarás cómo este gesto —tan simple como profundo— despierta el transverso abdominal, aligera la espalda y enseña al cuerpo a sostenerse sin rigidez y sin dolor.
👉 Puedes seguir la práctica guiada completa aquí → Ejercicio de respiración y activación consciente del core
Quizás has pasado años cuidando de los demás, sosteniendo el mundo sobre tus hombros, sin darte cuenta de que también necesitabas aprender a sostenerte a ti misma, a ti mismo.
Hoy, tu cuerpo te invita a regresar al centro, a ese lugar silencioso desde donde todo se equilibra.
Cada respiración consciente, cada pequeña activación del bajo vientre, es un recordatorio de que la fuerza verdadera no viene de fuera, sino de la capacidad de habitarnos con presencia.
El transverso abdominal no es solo un músculo: es tu raíz interna, tu sostén emocional y tu punto de calma.
Así que la próxima vez que te sientes erguida o erguido, que respires profundo y notes tu espalda más viva, recuerda esto:
estás reconstruyendo tu centro, estás volviendo a casa en ti.






